Mi sueño sería vivir en cada lugar el tiempo suficiente para ver el mundo con tantas miradas, como culturas distintas existen, con la alegría de la mariposa y sin despedidas. Pero cuando he visitado pequeños pueblos abandonados, «PUEBLOS FANTASMAS», siento entonces que debería quedarme y formar parte junto con otras personas de volver a llenar sus calles, siempre que se disponga de medios para vivir en él o poder trabajar allí con los recursos que nos ofrezca…
Cada vez más gente regresa a vivir a los pueblos, pero en la mayoría de ellos, el interés por la tierra no existe, ahora todo mira al turismo. La hierba crece libre en algunas pequeñas fincas medio abandonadas por el hombre y también por la lluvia…
Se nota que los tiempos han cambiado, la gente emigró a EUROPA porque se vivía en la pobreza, al final no había nadie para trabajar la tierra, la mayoría de cortijos, caseríos o masías, hasta los dueños tuvieron que marcharse.
Muchos, sin embargo, de los que se fueron de los pueblos han esperado a la jubilación para volver, pero también hay quienes, sin conocer el pueblo, han acudido a la llamada de una nueva forma de vida: vivir en contacto con la Naturaleza, con el campo, con el agua… Otros que se fueron en la infancia y crearon con éxito empresas, las vendieron para regresar, los flujos migratorios han invertido su dirección respecto a la ciudad.
La vida gira en el aire limpio de los pueblos, en la blancura reluciente de sus casas, en pequeñas tiendas, en las tabernas como puntos de encuentro de los parroquianos, donde se critica a veces la falta de educación o colaboración para el mantenimiento entre todos del sitio, del lugar… La prisa está reñida con el ir y venir de sus habitantes…
El trato humano, la preocupación por los conocidos y desconocidos, por los problemas que afectan a todos en general y por la mejora progresiva del entorno es el día a día.
Se debe progresar sin destruir nuestro patrimonio, rendir homenaje y reflexionar sobre un desarrollo sostenible con el medio ambiente y los problemas socio ambientales que padece.
Los recursos hídricos, cada vez más precarios, protagonizan la vida diaria, es fundamental hacer nuevos proyectos para recoger el agua de lluvia, y todos deberíamos remar en la misma dirección solicitando la construcción de pequeños embalses para la recogida de aguas, ya que el cambio climático es imparable… Debemos volver a los pueblos, habitarlos y restaurarlos y dentro de nuestras posibilidades, hacer que la vida fluya…
Jierro