La familia Texeira

La familia Texeira

Aquel verano, los cuatro amigos viajaron durante sus vacaciones estivales en el coche de una de las parejas, sin aire acondicionado y dos tiendas de campaña canadienses…

Visitaron media península ibérica, o más bien recorrieron sus costas y cercanías, desde el centro-norte hacia el suroeste… Empezaron la ruta en Cantabria, para terminar en Málaga.

Cada día, compraban en algún pueblo que paraban, llevaban un camping-gas, una sartén, un cacillo y pocas cosas más… Su juventud, hacía que las metas que se proponían conseguir, fuesen posibles por muy difíciles que parecieran…

Caminaron por el Valle del Pas, haciendo paradas, para contemplar unos maravillosos paisajes; visitaron los pueblos costeros y algunos interiores: Santillana del Mar, Potes, San Vicente de la Barquera, Torrelavega, Bárcenas Mayor, etc…

En Covadonga, subieron al lago Enol y pernoctaron allí; hace ya más de cuarenta años, hoy está prohibido. Por las mañanas, se despertaban con el ruido de los bbii cencerros de las vacas tudancas, que vivían sueltas en la montaña…

Otro día, en Los Picos de Europa, habían dejado las tiendas de campaña en un camping en Potes, mientras subían cerca del Picú… A la vuelta, de noche, los cortatijeras que había en un manzano, estaban esperando en las tiendas…

Viajaron a Cabrales, por unas carreteras de montaña que daban vértigo y llegaron a una cueva a comprar el famoso queso, pero poco les duró la felicidad gastronómica, pues había alguien que no soportaba su olor, y con el calor, los olores eran insufribles. Hubo que tirarlo casi entero. ¡¡¡¡¡Qué pena!!!!!

Siguieron la ruta costera y acamparon a orillas del engañoso mar Cantábrico. Cuando se dieron cuenta, tuvieron que retirar rápidamente las tiendas, porque iban a ser engullidas por olas gigantes, que se formaron al subir la marea. Además una de las chicas del grupo fue a bañarse, tan ignorante, ¡¡¡¡¡qué miedo!!!!!

Otro día en Mieres, pueblo minero asturiano, entraron en una sidrería, escanciaban la sidra, y no se dieron cuenta de los vasos que llevaban… al salir tuvieron que buscar una fuente y meterse dentro…

Así bordearon el mar Cantábrico con infinidad de anécdotas y llegaron al Atlántico con aquellos acantilados de la costa de la Muerte, Fisterra, las preciosas calas desiertas y los bosques de Carballos… Visitaron al Apóstol Santiago en Compostela y llovía a mares…

Bajaron hasta la frontera portuguesa y cruzaron el río Miño… Ya en Portugal, pasearon por sus pueblecitos portuarios, pintados de colores, sus cristalinos ríos, puentes romanos, bosques legendarios, como la Sierra de Gerez, compartida con Galicia, Ponte de Lima, Viana do Bolo, Oporto, etc…

De sus habitantes, los portugueses, se cumplió el dicho de que ellos siempre están mirando hacia España, mientras que los españoles, miramos para otro lado…

Llegaron a Setúbal cuando ya quedaban pocos días para finalizar la ruta, pero eran las doce de la noche y en el camping, donde iban a quedarse, a esa hora, no podían montar las tiendas… Un portugués de Lisboa, que estaba en recepción, ofreció ayuda a los viajeros sin conocerlos, sacó de su tienda a su pequeña hija, que estaba dormida y la trasladó a la tienda de unos amigos… A la mañana siguiente, los viajeros, invitaron a desayunar a la familia Texeira: Antonio, Graciete y Paula, cambiaron direcciones y afectos…

Ya de vuelta, en Málaga, quisieron mandarles postales y algún obsequio pero no encontraron la dirección… Pasaron veinte años de aquella aventura, cuando un día apareció en el altillo de una de las casas, la dirección de la familia Texeira, mezclada con aparejos de acampada…

Los cuatro amigos se hicieron fotos y la enviaron a la familia portuguesa, quienes muy gentilmente, contestaron a vuelta de correos, ofreciendo su casa de Lisboa…

Vinieron a Sierra Nevada un invierno a esquiar, ya con la familia de su hija que le había dado una nieta preciosa, pero olvidaron la carpeta donde tenía guardada las fotos y direcciones… tampoco se llegaron a ver… hasta que un día, una de las viajeras del grupo que iba de mochilera recorriendo Portugal, se llevó sus señas y, al llegar a Lisboa, les llamó por teléfono y volvieron a revivir la aventura de conocer a personas de un país tan hermano, tan olvidado, tan solidario y con tanto amor a los españoles…

GRACIAS: Antonio, Graciete, Paula y demás familia TEXEIRA…

Jierro


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