Pueblos abandonados

A partir del año 1950 se produjo un éxodo masivo de los habitantes de los núcleos rurales a las grandes ciudades, provocando un despoblamiento rural de negativas consecuencias.

Muchos pueblos y aldeas, ubicados en zonas montañosas, quedaron semivacíos y, en el peor de los casos, totalmente deshabitados. Las precarias condiciones de vida en las que se encontraban los antiguos habitantes (falta de recursos económicos, carencia o deficiencia de servicios educativos y sanitarios, mala comunicación, etc.) fueron motivos más que suficientes para buscar nuevas expectativas de futuro en otros lugares. Otras razones fueron la construcción de pantanos y reforestaciones masivas dejando a los habitantes sin tierras…

Ha sido durante un periodo de sequía cuando pueblos sumergidos bajo los pantanos reaparecen de nuevo… La torre de una iglesia emergiendo del agua, o los tejados de algunas casas todavía no derrumbados delatan la presencia de lo que antaño fue un pueblo lleno de vida (más de 30 pueblos sumergidos con las construcciones de pantanos).

Todos estos motivos y muchos más hicieron que los jóvenes se fueran y familias enteras, resistiéndose los más viejos a marcharse. Todo aquel que haya visitado un pueblo abandonado habrá sentido esa extraña soledad que invita a imaginar la vida que hubo en otra época, perdiéndose un legado cultural irrepetible.

En la provincia de Huesca unas 300 poblaciones fueron abandonadas, un problema compartido con Lleida, León, Guadalajara, Soria o Galicia… La vegetación, la climatología y el inexorable paso del tiempo se encargaron de hacer desaparecer poco a poco lo que en su día fue una casa, un establo, una calle, etc.

Cuando los últimos habitantes partieron, los pueblos y aldeas quedaron desamparados a merced de los saqueadores y expoliadores que se llevaron todo lo que podían vender. Tal es así, que se llegó a trasladar la iglesia parroquial de Basarán (Huesca) siglo XI a varias decenas de kilómetros en Formigal.

En los últimos tiempos se ha hecho un retorno al campo, un movimiento neo-rural preocupado por recuperar los valores tradicionales, reivindicando una vuelta a la Naturaleza. De ahí el auge del «turismo rural» que ha ayudado a recuperar y rehabilitar muchos lugares…

Y es que al campo hay que volver, porque del campo vivimos y es un vínculo del que no podemos desprendernos, no es tarea fácil y, además de respaldo económico, hacen falta ganas e ilusión, esfuerzo y mucho tesón…

Jierro


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