A mi corazón le pongo
mercromina y esparadrapo
para que nunca perciba
que ahora vivo en otro lado.
El pavo real, no grita,
a los perros ya no escucho
cuando ladran por la noche,
tampoco los gallos cantan,
ni las gallinas responden.
Solo retumban sonidos
de motos, coches y aviones.
Me pregunto: ¿ES LO NORMAL?
Esto es el día a día
de vivir en la ciudad.
¡NO QUIERO VIVIR AQUÍ!
Soy del campo, soy del mar.
Tampoco, ¿¡para qué sirve
tener un cerrado hogar!?
SOY COMO LA DAMA DE ANBOTO.
Iré adonde la lluvia vaya
y quiera caer para todos
en el monte o en la playa.
Buscaré algún cobijo,
tendré por mi techo el cielo
y la luna y las estrellas
con sus halos de luces
alumbrarán mi sendero…
Jierro
