Plaza Mayor de Salamanca

Cuando voy a SALAMANCA, siento una atracción irremediable por llegar a la PLAZA MAYOR, es como sentir el corazón de la ciudad. Pasear por sus soportales, cruzarla en todos los sentidos, observar sus fachadas barrocas y sencillas a la vez, sentarme en las terrazas de sus añejos cafés… la PLAZA MAYOR CHARRA nos sumerge en su historia, una historia de amor entre una ciudad, su plaza y su gente.

Mandada a construir por Felipe V, en su día, fue declarada MONUMENTO NACIONAL y con poco más de un cuarto de siglo es ante todo una plaza castellana y, por lo tanto, mercado, escenario de festejos, centro de la urbe y sede del Ayuntamiento. En su espadaña, el reloj marca puntualmente con un carrillón que evoca tonadas de la tierra.

Sus balconadas han servido para hacer numerosas y dispares proclamas: a favor de la monarquía, de la república, de la constitución, de las cadenas, pidiendo pan, reclamando toros…

Si hay algún elemento que distingue la plaza salmantina de otra son los medallones de las enjutas de sus 88 arcos. La escultura de Gonzalo Torrente Ballester ocupa la mesa donde él se sentaba habitualmente en el más antiguo café de la ciudad. También sigue viva la figura de MIGUEL de UNAMUNO con sus manos atrás y sin sombrero, aquí se siente su presencia atormentada con sus problemas eternos, aquí se le siente en uno de los medallones…

Como describiera ANTONIO MACHADO en su poema «Noche de verano», en la PLAZA de SALAMANCA «el bullicio crea expectación». Es un lugar para la palabra: la de los tratantes de ganado, estudiantes, barquilleros o limpiabotas. Al igual que el foro romano tenía un lugar reservado a los esclavos, acogía en los portalillos de la trasera del mercado a las cuadrillas de segadores que allí se albergaban hasta su contratación. Volverán el kiosko de música, el teatro, la danza, la magia, la gaita, el tamboril…

Cualquier plaza es un punto de encuentro y un lugar para la palabra y la de SALAMANCA dorada de UNAMUNO:

Alto soto de torres que al ponerse,
tras las encinas que el celaje esmalta,
dora a los rayos de su lumbre,
el padre sol de Castilla.

El remanso de quietud unamuniano, se refleja también en la BELLA PLAZA al atardecer, cuando los últimos rayos del sol la besan…

Jierro


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