Hace miles de años que desde ORIENTE se dice que el hombre necesita energía vital para sentirse valiente, optimista, dinámico… Esta energía vital se suele identificar con la respiración, se absorbe por todo el cuerpo y una vez descargada su energía se elimina por todo el cuerpo.
En realidad todos los fenómenos vitales funcionan por oxidación – reducción, son los iones que capta el cuerpo humano por la respiración pulmonar, por la piel, por el gusto, por el olfato. Pero, los grandes iones positivos de la polución atmosférica, el polvo, el humo, etc… son unos grandes devoradores de iones negativos energéticos, como también los vestidos de tejido cargados de electricidad, los zapatos de suela de plástico, espuma… También impiden la presencia de iones negativos las casas, las ventanas y sobre todo los aparatos acondicionadores de aire.
Las vías de circulación de la energía vital son los nervios, las venas entre órgano y órgano entre tejido y tejido. Hace falta conectar el cuerpo con la tierra… «PISAR LA YERBA».
Nuestro inconsciente sabe perfectamente de la delicia de pisar la yerba. Nuestros desgraciados pies, siempre aislados del suelo por los zapatos, son felices cuando tocan tierra y más aún si es tierra húmeda o yerbas jugosas y tiernas.
Los astronautas perfectamente entrenados y en una forma física envidiable se fatigan enseguida en sus cápsulas espaciales… Pronto disminuye el poder de concentración, sus reflejos no son tan rápidos ni tan precisos, se quejan de agotamiento. Y no es debido a la falta de gravedad, porque se reproduce igualmente si la cápsula cerrada reposa sobre la tierra, se descubrió que dentro de estas cápsulas estaban alteradas las propiedades eléctricas del aire.
La inmensa mayoría de fisiólogos no han prestado atención a estos pequeños iones electrizados tan necesarios para la vida… Y hasta que esta ciencia no ha reconocido la verdad de la necesidad de conectar el cuerpo con la tierra como atamos a una tubería de agua el cable de tierra de una radio o como los coches llevan una tira tocando el suelo.
Potenciemos las yerbas de nuestro país (no hace falta césped importado: inglés, noruego…) porque aquí no llueve tanto… Y es que las plantas ¡SON TAN ESPECIALES! Se comen nuestras sobras de anhídrido carbónico, mientras nos regalan para nuestra satisfacción los restos de oxígeno…
¡PISAR LA YERBA!
Jierro