Loco y ciego el corazón,
salta, brinca, ríe, llora,
sin atender a la razón,
su voz grave se rompe,
como una campana sorda,
se disipa a intervalos,
al hilo que nos unía,
al vínculo entre los dos.
Los sueños de aquel noviembre,
envuelto en hojas violetas,
el viento ha sacudido,
en el polvo de la tierra,
se dispersan y espejean,
buscando valles y sierras,
lejos, donde la niebla duerme,
tras las murallas viejas.
Cerca está el mar amigo,
a quien cuento mis tristezas,
y con sus olas lame,
esas heridas abiertas,
con su bálsamo curativo,
fluye entonces la esperanza,
cual florecen hojas nuevas…
Jierro