La menguante luna alumbra el campo,
Los gitanos tocan palmas y taconean.
Sale la bulería sin cante alguno,
a ritmo y compás que bien manejan.
Los más mayores voceando animan,
niños y jóvenes gastan sus fuerzas.
De dentro salen los malos humos,
el sabor agrio con su cuerpo expresan.
El movimiento cambia su rostro,
las maldiciones se pisotean.
Luego, la voz grave al cielo clama:
«No vengan males ni enfermedades;
la lluvia riegue nuestras ideas»
También el campo, los manantiales
y los veneros cojan reservas.
Todos los días demos las gracias
al Dios del cielo que nos provea,
que la unión nunca nos falte,
el calorcillo de nuestra raza,
sea por siempre en nuestra tierra;
pues somos ricos en alegrías
y la familia nuestra bandera.
Viene la aurora, pronto clarea
y entre dos luces, sigue la fiesta…
Jierro
