La irresistible atracción que el ser humano siente por las alturas y el bucolismo del paisaje montano, han guiado nuestros pasos a subir y ver qué hay del otro lado.
Esta sensación vivida tras un ascenso en el que se van dejando atrás valles, bosques y matorrales hasta alcanzar la cima, es de lo más gratificante y místico que ofrece un paisaje natural.
Hace unos 200 años el hombre se atrevió a invadir lo que hasta entonces muchas culturas consideraban como moles rocosas desde donde emanaba el poder de los dioses. El respeto a las inclemencias del tiempo, al miedo, y a la reverencia, fueron rotos por los espíritus libres y aventureros que impulsó la Ilustración y el Romanticismo…
Fueron montañeros extranjeros los que alcanzaron por primera vez las cimas más altas de nuestro país. En 1904 «El Naranjo de Bulnes», con el guía Gregorio Pérez «El Cainejo», fue culminado por dos aristócratas, los creadores de los primeros «PARQUES NACIONALES».
España muestra modelados alpinos en Pirineos y la Cordillera Cantábrica, altas montañas en Sierra Nevada y el Sistema Central, altitudes medias en cordilleras costeras y el Sistema Ibérico y formaciones volcánicas en las Islas Canarias.
Las sociedades excursionistas que surgen con fuerza en Cataluña a finales del siglo XIX y se extienden por toda España buscaron proteger y conservar estos espacios, aunque en el paso del tiempo no han logrado frenar del todo su invasión…
Hoy en día carreteras y túneles, pistas y estaciones de esquí, urbanizaciones, cortafuegos y caminos forestales, antenas de repetición, teleféricos, radares, observatorios astronómicos y hasta vueltas ciclistas hacen carecer de sentido el impulso romántico que llevó al hombre a acercarse a la montaña.
La relación del hombre con la montaña, que pasó de una etapa de reverencia temerosa a otra de idealización fijada en el placer y el descanso ha acabado. En medio de nuestras ansias de desarrollo, buscamos la necesidad de comunicarnos por encima de ella… Aunque nunca debería agotarse, al recorrer la montaña palmo a palmo, las ganas de ver qué esconde la otra cara…
Jierro