DICIEMBRE NEGRO para muchos ciudadanos de nuestro país. No vale decir que ningún país del mundo está capacitado para afrontar una catástrofe de estas características ni tampoco que no es rentable disponer de determinados medios preventivos. No, no vale decir casi nada, solamente vale en éste y en otros casos «PREVENIR», estar atentos y preparados y actuar… Y estás acciones deben ser impulsadas y constituyen una responsabilidad ineludible de las administraciones públicas.
A VALENCIA hay que ir a echar una mano, afortunadamente lo han hecho y siguen en ello miles de voluntarios, bomberos, soldados, personal sanitario…; hay que ir a pringarse de barro en las tareas de limpieza…
Estamos dolidos y rabiosos, al igual que los valencianos, y este inmenso desastre ha herido profundamente y nos ha dejado tocados… Una dramática situación humana, económica y socio ambiental: ¿Cómo es posible que haya ocurrido esto? ¿acaso no era previsible, puesto que en ese mismo sitio y en otras zonas inundables se ha producido antes? ¿cómo se siguen dando permisos en estas zonas para nuevas construcciones?, ¿es que las administraciones públicas no han aprendido nada del pasado?, ¿acaso España es un país moderno?, ¿por qué no se han construido presas laminadoras donde se controle las avenidas de aguas?, ¿Por qué, por qué, por qué….?
Las informaciones diarias sobre la recuperación de estos pueblos han permitido conocer a los españoles la magnitud de la tragedia. Aunque el descomunal trabajo de recuperación de estos pueblos es lento y difícil, es de JUSTICIA que la verdadera ayuda sea para los ciudadanos de a pie…
La gran marea de solidaridad que ha provocado la catástrofe nos permite ser optimista, a pesar de todo, a pesar de estas «NAVIDADES NEGRAS», VALENCIA saldrá adelante y su grito colectivo de «DIMISIÓN» de quienes se sienten aislados y abandonados debería plantear a los dirigentes una revisión profunda de cómo se están haciendo las cosas…
Jierro