VILLALUENGA del ROSARIO el pueblo más alto y pequeño de la provincia de Cádiz, apenas con 500 habitantes y una plaza de toros del siglo XVIII, de las más antiguas de España, que está construida sobre roca en piedra seca, y no es completamente redonda, sino poligonal, teniendo sus tendidos en las estribaciones de las rocas.
Situada en el entorno del Parque Natural Sierra de Grazalema, que por cierto es la zona más lluviosa de nuestro país… En la Guerra de la Independencia española, hubo saqueos e incendios, y en la Guerra Civil también fue VILLALUENGA víctima de las llamas. Ahora los «PAYOYOS» viven en paz, dedicados en su mayoría, como es la tradición a la ganadería por sus condiciones climáticas y su terreno pedregoso. Dicen los pastores que la hierba de estas sierras hace que tanto cabras como ovejas den una leche excepcional, materia prima del popularísimo «QUESO PAYOYO»…
En el corazón de la «RUTA de los PUEBLOS BLANCOS» convergen las aguas que bajan de la sierra con tres de las simas más importantes de Andalucía en un torrente estrepitoso se traga la tierra el agua por sorpresa en 88 cavidades subterráneas, todo un paraíso para los amantes de la espelología.
La piedra desnuda es protagonista del paisaje y su nombre «VILLALUENGA del ROSARIO» se debe a la forma alargada del pueblo y a su patrona. Su origen árabe, conserva también restos de su pasado romano, como una antigua calzada y la fuente terminal del acueducto. Restos encontrados en la Sierra del Caíllo, nos demuestra la existencia de asentamientos humanos desde el NEOLÍTICO. Hace unos 70 años se dedicaban a la fabricación de tejas, heredado de los árabes y gracias a su suelo arcilloso…
Desde hace unos años se celebra la «FERIA del QUESO ARTESANAL de ANDALUCÍA» y ha sido elegido como «pueblo mágico de España». El recurso principal de su economía junto con el queso ha sido la extracción del corcho de sus alcornocales.
El olor a chimenea y cocidos, la niebla, las calles blancas y empinadas, las flores de los balcones, las casas fundiéndose con las rocas… Un lugar encantador, un álbum imaginario de la vida en la Sierra, un testimonio vivo de espacio y costumbres… son muchas razones para sentirse orgulloso… Imagino ese valle cautivador, nevado cuando llegue el frío y la nieve haga reservas de agua para todos el año…
Jierro