Chin, chin, chin, pon, pon, pon…

Un niño y un tambor rudimentario construido con una lata redonda de conservas imita el sonido de alguna música… chin, chin, chin…pon, pon, pon…

El juego es el camino más rápido para estimular la imaginación de los chavales. Muchos niños del mundo han de fabricarse sus propios juguetes. Carecer de todo, sin embargo, no hace otra cosa que enriquecerles… Esos niños, sin juguetes caros y sofisticados, en contacto íntimo con la Naturaleza son felices. Unas veces con juguetes hechos por ellos mismos, que imitan los oficios de los mayores; otras, con otros niños que por dentro están llenos de felicidad, esa felicidad que da el contacto con la Naturaleza, y que desgraciadamente no está al alcance de los niños que se crían encerrados en las grandes urbes…

Jugar en la Naturaleza proporciona a los niños una tremenda alegría, una confianza en ellos mismos, un aprender a compartir todo con sus compañeros de aventuras y un especial despertar de la imaginación…

Los niños tendrían que vivir en el campo, bajo el sol y los árboles, aprenderían a interpretar los ruidos y los silencios de la noche, cara a cara con la Naturaleza, que vigoriza el cuerpo, fortalece la inteligencia, inspira y despierta curiosidad que es más valiosa que todos los libros del mundo.

La Educación Física debe ser el primer paso en el desarrollo del niño, aprender normas de supervivencia, a seguir e interpretar las huellas y rastros de los animales, a comunicarse con señales diversas, a identificar las hierbas y bayas comestibles, a orientarse con el sol y las estrellas de la noche… La imaginación del niño tiene una llave maravillosa para abrir la enorme puerta de la Naturaleza y penetrar en ella como «explorador»…

Aprender que su individualidad tiene un inmenso valor, que los sabores del campo contrastan con los MacDonalds o los Burguer King, que los grandes árboles no son edificios de cemento… ¿Qué más grandeza y sencillez que el crecimiento de la escondida yerba cuando llueve? El placer de las estrellas que se ven a campo descubierto o los cielos rojizos de un crepúsculo campestre provocando sensaciones que engrandecen el alma.

Aprender que gracias a esos juegos tendrán asegurada su supervivencia y, lo más importante, serán el faro para no perder la condición humana, aunque no tengan o no puedan disponer de todo el material que se fabrica e innecesariamente se acumula… Esos niños tienen otras posibilidades, reciclar para construir juguetes con su imaginación y divertirse… Chin, chin, chin, pon, pon, pon…

Jierro


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