El lenguaje corporal

El cuerpo habla en nuestro lugar. El deseo sexual y la pasión hasta el odio, pasando por la amistad, no hay mensaje que nuestro cuerpo no pueda expresar sin emitir un sólo sonido. Nos delatamos cuando las palabras afirman pero la cabeza niega. Cambian los rasgos de las personas enamoradas, hay posturas que insinúan el acercamiento y gestos que eluden el contacto.

El mundo silencioso pero expresivo de los gestos, miradas, roces y lo movimientos, constituye un código de comunicación. Un solo gesto de la boca, el simple brillo de la mirada o el más leve roce de la piel bastan para expresar más sentimientos y sensaciones que con horas de palabras…

«Será que te embellece ser feliz» canta AUTE, y es que el rostro enrojece, en esos momentos es más vivaz, los rasgos se suavizan, la mirada se hace más brillante. Los ojos actúan como dardos que disparan el bien o el mal. En el lejano ORIENTE, los ojos rehuyen el contacto directo, mientras que en los países ÁRABES, lo más correcto y deseado es mirarse fijamente. En OCCIDENTE, no está bien considerado mirar con insistencia a los desconocidos. Desviamos los ojos como señal de que no queremos invadir la intimidad del otro. Los pueblos MEDITERRÁNEOS se acercan más para conversar, mientras que los estadounidenses prefieren la ausencia de contacto por su pasado puritano…

Cada personalidad requiere su distancia. Los introvertidos necesitan durante una conversación mantener mayor alejamiento que los extrovertidos. Tampoco es igual hablar con una persona del mismo sexo que de distinto. El cuerpo de las personas habla bailando continuamente al mismo compás de lo que está expresando verbalmente y quien escucha también se mueve al mismo compás. Se mueven las manos, los dedos, se producen cabeceos de afirmación o negación, parpadeos. Todos siguen el mismo ritmo.

El dominio del lenguaje del cuerpo es la mejor arma para derribar el muro con el que solemos aislarnos de las demás personas. Olfato, vista, tacto para el conocimiento personal y próximo. Diciéndonos : «Aquí estoy, mírame y tómame de la mano»…

Jierro


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