Conocerse a fondo

Conocerse a fondo

Para recuperar quienes somos, hay que empezar por las zonas sombrías, por heridas mal o bien o no cicatrizadas, porque todos tenemos una carga y no estamos completos hasta que podamos mostrarla con sencillez y sin falsos pudores.

«No hay ninguna herida de la que avergonzarse».

Hoy se conduce a los jóvenes a una falsa y precoz madurez, a una aparente serenidad obligada, saltándose las heridas de nuestros antepasados, con quienes tenemos un vínculo, en las que ellos, para curtirse peleaban entre sí, se rebelaban, se manifestaban como arrogantes, pendencieros e individualistas…

Las pandillas de adolescentes son exhibicionistas, en sus vestidos, en sus maneras, tatuajes, ante la entrada de los espacios sagrados de sus discotecas o sus clubes y son estos espacios los que alejan del machismo o del hembrismo, o de cualquier otra fantasía de dominio.

Existen espacios que son territorios trascendentes en nuestra vida, donde acometemos experiencias rituales y personales, y la visita a semejantes espacios nos descubren que dentro de los seres humanos, habitan otros seres desconocidos que no conduce a nada material sino al descubrimiento de un vacío previo…

Hay que manifestarse, al igual que hacen las aves cuando danzan para iniciar un cortejo. ¿Son galanteos de la Naturaleza o movimientos de supervivencia?

El ser humano no está lejos de los Pavos Reales. También él se exhibe; también él se embellece para la mirada ajena; no sólo el macho ante las hembras, sino la hembra ante los machos. Entonces, ellos y ellas, se enorgullecen de su cuerpo con independencia de lo masculino y de lo femenino, obedientes al mandato natural de ser vistos y para ser agradecidos en arte, en encanto, en baile, en música, en placer, o sea, en armonía.

Sin tales espacios sagrados, ¿cuánto tiempo tardaríamos en iluminar nuestras partes oscuras? Por eso, hasta que no estemos completos y no nos conozcamos a fondo, nadie podrá confiar en nosotros del todo…

Jierro


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