Él, como muchos otros, pasó por este mundo sin atrevimientos… Ahora, sólo y sin más compañía que otros viejos, se pasa el día sentado al sol del invierno o a la sombra del verano… No espera nada, no es que le haya abandonado la lucidez, que ya la cordura siempre fue, y sigue siendo, su más fiel compañera…, pero es demasiado tarde para hacer cualquier insensatez…
Era lo que se llama «un buen chico», tuvo una novia, y en su matrimonio nacieron cinco hijos…, transcurrió muchos años según los principios de «lo que tiene que ser» que no es precisamente «lo que hubiera debido ser»…
Pero ya no hay tiempo… y piensa en un poeta griego que dijo : «Mañana tienes mucho tiempo» ¡Qué mentira!… Él, que había sido un trabajador nato, infatigable, sintió de repente que no podía más con su alma y empezó a sentir un miedo espantoso con los disgustos más o menos grandes que vienen apegados a la vida.
Él no quiere moverse de su casa, con los recortes que se avecinan, no se sabe lo que puede pasar… y «todo es tan caro»…. ¡Ay!, le dijo la vecina, deje de darle vueltas a lo que no puede ser y viva tranquilo el tiempo que le queda, si no lo hace, se va a poner demasiado nervioso… Y empezó a marearse, a no poder respirar y tuvo la sensación de que se quedaba en el sitio, que el miedo le calaba el cuerpo, vamos, de que se moría…
Lo único que podía hacer con cierto vigor era refunfuñar, plantarle cara a lo que le quedaba de vida, y tratar de aprovechar «ese tiempo maravilloso de cada día», con sus luces y sus sombras, pero, en ese tiempo en donde antes no hubo atrevimientos, ahora, saltaría la barrera, y aunque no pudiera encender un cirio luminoso a pensamientos y travesuras, porque la edad física lo impediría… NO, no se sometería nunca a hacer lo que decían los demás que era lo correcto… Porque, ÉL, había sido y seguiría siendo: UN ALMA LIBRE…
Jierro