Ningún fármaco ha alcanzado tanta fama y prestigio internacional como la «ASPIRINA». Se sabía que el ácido acetil-salicílico evitaba que las plaquetas se agregasen entre sí, con el consiguiente efecto beneficioso en infartos, trombosis y otras enfermedades cardiovasculares.
Los orígenes del ácido acetilsalicílico lo podemos encontrar en los efectos analgésicos que culturas, tan lejanas en el tiempo, como las de la Mesopotamia bíblica atribuían a la corteza del sauce. Muchos años tuvieron que pasar para que en 1828, científicos alemanes sintetizaran, a partir de esta corteza, una sustancia amarillenta de sabor amargo, que bautizaron con el nombre de salicilina.
Diez años más tarde en la Universidad de la Sorbona, un asistente italiano «PIRIA» obtuvo el ácido de la sustancia base, que llamó «SALICÍLICO». Los grandes efectos analgésicos y antitérmicos aumentaron su demanda hasta límites insospechados. Pero los efectos secundarios, como alteraciones gástricas, náuseas o ruidos en los oídos eran un serio problema. La solución vino de los laboratorios BAYER. Un químico FELIX HOFFMAN investigó varias variantes del ácido salicílico y en 1897 publicó la síntesis (AAS) llamada «ASPIRINA»…
Puede decirse que desde entonces ningún fármaco ha alcanzado tanta fama y prestigio. En España se comercializa desde el año 1922 y ronda más de 700 millones de comprimidos al año.
Los primeros éxitos terapéuticos tuvieron que ver con la función analgésica y antitérmica gracias a su rápida absorción (30 minutos) ejerce un efecto beneficioso. Como antiinflamatorio es un fármaco eficaz para reumatismo e inflamaciones, sobre todo del sistema músculo – esquelético y sobre enfermedades cardiovasculares. Reduce en un diecisiete por ciento el riesgo de padecer cáncer…
Sin embargo la «ASPIRINA» también tiene sus efectos secundarios, por ello, como cualquier medicamento, su utilización sólo debe estar indicada por el médico…
LA ASPIRINA, la reina del botiquín…
Jierro
