Atesorar el agua

Los habitantes de los lugares secos del planeta TIERRA estamos cada vez más preocupados por el AGUA. El AGUA empieza a ser considerada como un bien paulatinamente escaso, porque mientras su volumen total no ha cambiado a lo largo del tiempo, la población del planeta y su capacidad de intervención en el medio sí han crecido de modo notable y va a ser causa y motivo de muchos de los conflictos bélicos del siglo XXI, especialmente en zonas tan polémicas como ORIENTE PRÓXIMO o el CONTINENTE AFRICANO.

No me gusta que la expresión «buen tiempo» se aplique sólo cuando hay sol. ¿Es que pensamos que los grifos tienen magia y siempre que se abran van a echar agua?… Disfruto contemplado los ríos y arroyos que corren aunque tengan poco caudal y me entristece ver lagunas secas y pantanos semivacíos. Me da mucha pena las noticias de tifones e inundaciones, y me pone de mal genio ver en la calle una toma defectuosa o mal cerrada que pierde agua. Procuramos en nuestro entorno no malgastar el agua abriendo los grifos lo estrictamente necesario y pensamos que el agua es uno de los grandes y maravillosos regalos de la NATURALEZA. Ríos, lagos, canales y embalses atesoran un patrimonio vital para nuestro país: el agua dulce. De este bien escaso no sólo depende el abastecimiento de campos y ciudades, sino muchos de los ecosistemas peninsulares…

En un país con sequías recurrentes, el agua adquiere un valor incalculable. No sólo asegura el abastecimiento de ciudades y campos, sino también la supervivencia de innumerables plantas y animales. El agua es vida, y del agua hemos dependido y dependemos para vivir. Los ríos, sus riquezas y sus misterios han alcanzado niveles míticos en todas las culturas que han florecido a lo largo de la HISTORIA.

Difícilmente podemos contar la historia de Europa sin mencionar sus ríos. Ni la de sus ciudades sin el susurro del agua… ¿Cómo podríamos evocar el pasado de Sevilla sin el Guadalquivir, o el de Londres sin el Támesis, o el de París sin el Sena… Nuestras identidades están tan íntimamente ligadas a los cauces, su fauna y su flora, como lo han estado siempre nuestros espíritus y, desde luego nuestros fantasmas…

Jierro


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