El perchero de la abuela,
un par de sillas de eneas,
y una mesa de madera,
son un cachito de hogar,
que veré en otra casa,
a la orillita del mar.
Viviré de ti alejada,
mi Araucaria querida,
sin Dombeya engalanada,
para dar la despedida.
Benditos los aguaceros,
para calmar la sequía,
a las flores de azahar,
a las nuevas golondrinas.
En puertas de primavera,
llevamos en el corazón,
¡si supieras qué nostalgia!
de los juegos de los niños,
voces, rumores de fiesta,
paseos al Vinculillo,
con quien ama la arboleda…
Jierro