Desde esta orilla solitaria,
que guarda tiempo difundido,
lo que está bajo la arena y las olas,
canta y susurra divinas palabras,
donde el mar se encuentra con el río.
Florece la primavera en las camelias,
malvas y margaritas en el camino,
la luz tamizada entre enredaderas,
despierta y con andar cansino,
la luna asoma con misteriosa fuerza,
empujando a las mareas espumosas,
cuando el alba anuncia el solsticio.
Me pierdo en las calles de la playa,
en callejuelas de helechos florecidos,
hablo a las violetas de nuestras cosas,
del dolor del país de ninguna parte,
de rumores de guerra en los oídos…
Jierro