Madurez

«Érase una vez un hombre a quien le alteraba tanto ver su propia sombra y le digustaba tanto sus propias pisadas que decidió librarse de ellas, así que echó a correr, pero cada vez que ponía un pie en el suelo había otra pisada, mientras que su sombra le alcanzaba sin la menor dificultad. Corrió y corrió, más y más rápido, sin parar… No comprendió que le habría bastado ponerse en un lugar sombreado y que si se sentaba no habría más pisadas…«.

Esta parábola nos recuerda que la madurez es la EDAD en que uno ya no se deja engañar por sí mismo. Implica conocer las zancadillas mentales que nos ponemos para no avanzar, para evadirnos de la realidad y las creencias erróneas…

Cada herida es un regalo que no debemos dejar de agradecer. En ella está nuestro espacio secreto interior. Por eso, para llegar a la madurez hay que curtirse. La madurez es cuando tu mundo se abre y te das cuenta de que no eres el centro de él… Llega cuando aceptamos la realidad, cuando la miramos a los ojos y en vez de venirnos abajo, nos preguntamos: ¿Cuál es el próximo paso? Eso significa que, aunque la realidad puede ser dolorosa, no nos quedamos atrapados en el papel de víctimas sufriendo inútilmente, sino que protegemos nuestro equilibrio emocional adoptando una actitud positiva…

La relación entre la madurez psicológica y la EDAD es difícil, la madurez emocional va a determinar como afrontamos la vida con una mejor gestión y esto no va a depender de lo mayores que seamos. Una persona emocionalmente madura es una persona que no culpa a los demás de todo lo que le pasa. Son personas que saben manejar una situación y decidir desde el respeto y la calma todo tipo de emociones ya sean agradables como las desagradables.

No hay una verdad absoluta ni todo es blanco o negro, ni podemos pretender llevar razón en todo. Se trata de trabajar todo aquello que no nos está permitiendo llegar a ser quienes queremos. Cometer errores es humano, la verdadera madurez es ser capaz de reírse de sí mismo…

Jierro


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