Sobre la vida en el pueblo

Sobre la vida en el pueblo

Buenos días… Voy a escribir hoy, sobre la vida del pueblo, después de los años 60 y antes de los 80…

En el pueblo, y en toda España, el nacer varón o hembra, exigía una forma de educarnos distinta, pues se suponía que la mujer era la que se quedaba en casa para hacer las labores del hogar y cuidar de la familia.

Cuando terminé la escuela, mi madre, no quería que estudiara, pues decía que eso era cosa de hombres, sin embargo hice un pacto con mi padre y estudié por libre con ayuda de la ACADEMIA que había en el pueblo… Luego, íbamos a examinarnos al INSTITUTO DE ANTEQUERA y más tarde a MÁLAGA.

A la hora de escoger estudios, había problemas económicos, geográficos y condicionamientos sociales… En Málaga, existía una facultad de CIENCIAS ECONÓMICAS Y EMPRESARIALES, una ESCUELA DE PERITOS APAREJADORES y la ESCUELA NORMAL DE MAGISTERIO, además del CONSERVATORIO DE MÚSICA… Si querías estudiar, otra cosa, tenías que marcharte a Granada, Sevilla, Madrid o Barcelona… Y eso sólo lo podían hacer las familias adineradas.

Pero ante las posibilidades que había en MÁLAGA, mi entorno social, no consideraba lógico ni adecuado que una mujer fuese economista o aparejadora. La única opción aceptable era ser maestra, por suerte para mí, resultó que esa fue mi vocación y mi vida…

La vida de los años 60 y 70, estaba muy condicionada en el pueblo por «el que dirán», tanto en la moda como en las costumbres, jugando la iglesia un papel muy importante… Las relaciones de pareja, estaban muy vigiladas por la familia y todo era pecado, incluso bailar agarrados… Teníamos que estar en casa temprano (más las niñas) y sólo en ferias y en los guateques que montábamos los jóvenes, era lo que nos permitía tener un tiempo para disfrutar más a nuestro aire…

Sin embargo, vivir en esos tiempos en el pueblo tenía cosas positivas: «NO HABÍA BASURAS APENAS» (no se habían inventado las bolsas de plástico). Todo el papel que existía para envoltorios, eran los periódicos viejos y el papel de estraza… Los residuos orgánicos, desaparecían, porque se lo comían los animales que casi todos los vecinos criaban en sus corrales (conejos, gallinas, cerdos…). El resto de las basuras, las recogía un señor con una mula y las cargaba en un serón que las llevaba a quemar a las afueras del pueblo…

Los muebles, se compraban cuando se formaba una familia o se heredaban; hechos casi siempre de forma artesanal, esos eran «para toda la vida»: sillas de eneas, mesas, armarios, dormitorios, muebles de cocina…

No existían los grandes almacenes… nos vestíamos con las modistas y los sastres del pueblo, además de los arreglos que hacían nuestras madres…

A los niños pequeños, se les ponían pañales de gasas que luego se lavaban con jabón casero, fabricado en casa y había que acarrear el agua de la fuente, pues en las casas, no había agua corriente…

Las latas de conservas, se reutilizaban, para beber los animales, plantas y macetas… las de leche condensada, se llevaban al latero y le ponían asas; de ahí viene el dicho «ERES MÁS APAÑAO QUE UN JARRILLO LATA»… Las botellas vacías, se llevaban a la tienda y las cambiaban por otras o te compraban los cascos… Los hierros viejos, se vendían al chatarrero y se ganaban unas puertas para ir al cine… Los trapos viejos, venían pregonando para recogerlos en las casas «el trapero» y los cambiaban por globos…

En fin, RECICLAR, que está ahora tan de moda, nosotros ya lo habíamos inventado. No había mucha variedad en la televisión y aparte de que nos gustaba ver películas y musicales, preferíamos ir al cine del pueblo con los amigos…

Había dos cines del mismo dueño, don Cristóbal Salas, EL SALÓN MODERNO que estaba en el Camino Nuevo y el cine de verano que durante esos meses, se proyectaban las películas al aire libre en «LA CANCULA», donde actualmente se encuentra la oficina de Unicaja…

También en el estío, disfrutábamos mucho en la calle por la noche, pues casi todos los vecinos, se sentaban al fresco y los niños aprovechábamos para jugar y contar historias… Los fines de semana, íbamos de paseo al Calvario y otras veces por la carretera de Flores…

Nos acercábamos a un peñón que hay en la carretera de El Chorro, frente al antiguo «vivero» y allí recordábamos la historia que nuestras abuelas nos contaban: «EL PEÑÓN DEL LIRIO»…

Creo que todos los niños y jóvenes de aquella época, tenemos recuerdos similares y muchos más, que contaré otro día…

Jierro


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