Las ciudades representan el futuro de vida global. La población alcanzó los 8000 millones de personas en 2022, de los cuales más de la mitad viven en zonas urbanas. Se prevé que para 2050 el 70 por ciento de la población vivirán en ciudades…
Sin embargo, estas ciudades no están preparadas para esta rápida urbanización, y el desarrollo de la vivienda, las infraestructuras y los servicios se ve superado, lo que provoca un crecimiento de los barrios marginales. El crecimiento urbano descontrolado, la contaminación atmosférica y la escasez de espacios públicos abiertos persisten en las ciudades.
Los enormes barrios marginales, la congestión del tráfico, las emisiones de gases de efecto invernadero y la proliferación de suburbios en todo el mundo son algunas de las consecuencias del desarrollo urbano no planificado.
Este modelo urbano, que se ha acabado imponiendo a nivel mundial, ha tenido un coste especialmente elevado para los sectores populares que se ven obligados a establecerse en áreas más remotas…
Los grandes centros comerciales aparecieron en EEUU a mitad del siglo XX como islotes del consumo placentero y del bienestar del ocio, pero hoy, cuando se han implantado en todas las grandes ciudades del mundo, constituyen una amenaza contra el comercio de sus calles y la animación de sus centros históricos.
Por suerte, estos templos del consumo envejecen deprisa lo mismo que los objetos que venden y las modas que propagan y ofrecen la oportunidad de la recuperación del espacio que ocupan para orientarlo a la implantación de actividades de utilidad cultural, social y ecológica.
Esto sería posible, si los ciudadanos reflexionaremos sobre la benéfica liberación de nuestras ciudades de estas máquinas inhumanas y depredadoras de recursos, especialmente de aquellas que están emplazadas en lugares de gran potencial social y ecológico, y sobre los que significaría la evolución positiva de las actitudes de los ciudadanos hacia un consumo y un ocio responsable y activo, así como, la administración de las ciudades hacia un mayor compromiso comunitario…
Tenemos derecho a dibujar posibilidades de futuro que mejoren nuestras vidas y nuestras ciudades y que con esfuerzo, convicción e inteligencia nos encaminemos a ese fin; al que se le puede llamar utópico, pero la transformación radical de cómo consumir sería nuestro objetivo beneficioso, razonable y realizable.
Los territorios que combinan núcleos urbanos clásicos con enormes zonas de urbanización dispersa donde resulta cada vez más difícil saber dónde empieza y dónde acaba la ciudad, son espacios de «no-ciudad» debido a su falta de espacio de encuentro y sociabilidad, pues sus calles son usadas para aparcar, circular o delimitar espacios. Y los espacios públicos existentes quedan vacíos de contenido.
Hay que apostar por ciudades que articule una nueva relación entre la ciudad y los ciudadanos. Repensar las ciudades globales y reflexionar como las diferentes ciudades del mundo afrontan estos retos…
Jierro
