El gobierno y el emperador japonés se negaron a rendirse, pero la manera de poner un fin definitivo a la guerra fue una decisión inmoral e innecesaria que mató a miles de civiles inocentes.
Han pasado 80 años de HIROSHIMA y NAGASAKI. El infierno en el que murieron decenas de miles por las bombas atómicas. Y nada ha cambiado. No se ha aprendido nada y hoy tenemos un riesgo mayor que en el pasado. Las consecuencias de las bombas aún resuenan hoy cuando en el mundo hay cerca de 12.300 ojivas nucleares. Si hubiera otra guerra mundial esta civilización podría desaparecer…
JAPÓN no se rindió y tres días después ESTADOS UNIDOS lanzó una segunda bomba nuclear. La explosión generó una ola de calor de más de 4000 grados centígrados en un radio de aproximadamente 4,5 kilómetros. Entre 50.000 y 100.000 personas murieron el día de la explosión. Una multitud de gente agonizando, hombres, mujeres y niños desnudos con la ropa quemada… No existen cifras definitivas de cuántas personas murieron a causa de los bombardeos, ya sea por la explosión inmediata o en los meses siguientes debido a las heridas y los efectos de la radiación.
Tras las bombas de HIROSHIMA y NAGASAKI, JAPÓN presentó su rendición y el emperador Hirohito dijo: «Hemos decidido allanar el camino para una gran PAZ para todas las generaciones venideras soportando lo insoportable y sufriendo lo insufrible»…
La amenaza de una guerra nuclear se mantiene latente y este camino nos puede llevar a una TERCERA GUERRA MUNDIAL y provocar el fin de la TIERRA. Los sobrevivientes de las explosiones conocidos como HIBAKUSHA, sufrieron las devastadoras consecuencias del intenso calor y de la radiación. Muchos sufrieron discriminación por su aspecto físico y por la creencia de que acarreaban enfermedades. Tras la explosión, de manera inmediata sufrieron quemaduras que les arrancaron la piel. La exposición al material radiactivo les causó náuseas, vómitos, sangrado y la caída del pelo. Con el tiempo, algunas personas desarrollaron tumores malignos y aumentaron los casos de leucemia. Además la salud mental de los HIBAKUSHA se vio afectada por haber presenciado un acto tan atroz, haber perdido a seres queridos y por el miedo a desarrollar enfermedades por causa de la radiación… Estas personas, sobrevivientes de las bombas atómicas, ganaron el PREMIO NOBEL de la PAZ de 2024, e hicieron votos para que el mismo sirva para acabar con estas armas…
Jierro
