El agosto cálido y bochornoso,
bajo el sol que achicharra,
la sierra de mis contornos,
sierra verde, gris y blanca…
La sierra que yo veía,
verdioscura en invierno,
en primavera florecida,
y en verano calcinada…
¡HIZO PRESENCIA EL FUEGO!
¡QUIÉN SABE POR CUÁNTAS CAUSAS!
Entre cerros de cenizas,
con el aire ensombrecido,
de agria pena y nostalgia,
de las buenas arboledas:
de hayedos y pinares,
olmedos, tejos, abedules,
fresnos, sauces, tilos,
alisos y bosques de magia…
La eterna encina arrogante,
algarrobos rudos y erguidos,
viviendo con esa humildad,
siempre firmes y altivos.
¡OJALÁ VENGAN LAS AGUAS!
Cuando llegan las PERSEIDAS,
pintando de luces el cielo,
con centellas amarillas,
en una lluvia de estrellas…
Jierro
