La aspirina

Ningún fármaco ha alcanzado tanta fama y prestigio como «LA REINA DEL BOTIQUÍN», un descubrimiento de un grupo investigador español, ha vuelto a poner a la ASPIRINA en las portadas de las revistas más prestigiosas del mundo científico.

Uno de los secretos de este fármaco es que sirve casi para todo. Se sabía que el ácido acetilsalicílico evitaba que las plaquetas se agregasen entre sí, con el consiguiente efecto beneficioso en infartos, trombosis y otras enfermedades cardiovasculares. Ahora sabemos también que la razón está en la producción de óxido nítrico por un tipo de glóbulos blancos denominados neutrófilos.

Los orígenes del ácido acetilsalicílico los podemos encontrar en los efectos analgésicos que culturas tan lejanas en el tiempo, como las de MESOPOTAMIA bíblica atribuían a la corteza del sauce. Muchos años pasaron hasta 1828, en que científicos alemanes sintetizaron a partir de esta corteza, una sustancia amarillenta de sabor amargo, que bautizaron con el nombre de salicilina. Diez años después en la universidad de la SORBONA, un asistente italiano, PIRIA, obtuvo el ácido de la sustancia base, que llamó ácido salicílico. Los grandes efectos analgésicos y antitérmicos de esta sustancia aumentaron su demanda hasta límites insospechados…

Pero los efectos secundarios, como alteraciones gástricas, náuseas o ruidos en los oídos, que acompañaban a la mejoría de la enfermedad, eran un serio problema. La solución vino de los laboratorios BAYER, donde un químico de 29 años, FELIX HOFFMAN, recibió el encargo de estos laboratorios para investigar mejores variantes. El 10 de octubre de 1897 publicó la síntesis del ácido acetilsalicílico (AAS) llamado posteriormente
ASPIRINA.

Aunque la ASPIRINA es un medicamento ancestral, su efectividad, dosis y tiempo de tratamiento debe ser aconsejado por profesionales y utilizado racionalmente, la ASPIRINA, puede ser una droga maravillosa…

Jierro


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