Avistamiento de ballenas

El naturalismo: el placer de observar a los animales y sus conductas se fragua en conocimientos científicos y en compromisos de hacer todo lo imaginable para que el espectáculo continúe. «NACIDOS PARA SER LIBRES»… La independencia que tienen en este planeta casi ya domesticado del todo: la de los animales salvajes y los panoramas remotos.

Algunos cuentan ovejas para dormirse. Y los hay que cuentan ballenas y se mantienen bien despiertos para que no se les escape ni una… En la Península de Palos Verdes, a unos 40 kilómetros de Los Ángeles, para ver pasar a las grandes ballenas grises, que regresan a las costas frías de ALASKA tras disfrutar en las cálidas aguas de la Baja California, con sus sillas y sus prismáticos, los mirones, se sientan para observar a los cetáceos…

Con la mirada perdida en el horizonte desde el amanecer hasta la noche, un centenar de voluntarios colaboran en la elaboración del «CENSO ANUAL DE CETÁCEOS». Su concentración sólo se rompe al grito de «por allí resopla». Un momento emocionante que queda grabado en los archivos de los investigadores, el grupo en defensa de las ballenas más antiguos del mundo: «ASOCIACIÓN DE CETÁCEOS de los ÁNGELES».

Esta organización anota todos los años el número de ballenas divisadas en un intento de conocer sus gustos migratorios y su índice de población. Una forma de saber si el hombre la sigue exterminando. Los más antiguos del lugar son capaces de almacenar algo más que cifras en su memoria. En sus conversaciones mantienen frescas grandes historias, como la de las ballenas jorobadas…

Las ballenas jorobadas realizan una de las migraciones más largas de todos los animales: algunos ejemplares recorren hasta 8000 kilómetros. Estas rutas migratorias llamadas «corredores azules» son vitales para la supervivencia de la especie y también contribuyen a la salud de los océanos al fertilizar los ecosistemas marinos.

Las ballenas migran para aparearse reuniéndose cada año en los trópicos y subtrópicos durante el invierno, dar a luz y allí cuidar y amamantar a sus crías y conservan, en las largas aletas pectorales, vestigios óseos que recuerdan su origen terrestre.

La vida de estas ballenas es una historia de contrastes extremos. Durante el verano, en los polos, consumen enormes cantidades de alimentos para acumular reservas; en invierno en cambio, ayunan durante semanas o meses y su VIAJE es como si siguieran carreteras en el OCÉANO…

Jierro


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