El dulce y perfumado olor a tierra mojada,
entró en la estancia cuando escampó,
en el templado ambiente se detuvo,
mientras, en los tiestos de las macetas,
ignorante y extrañada observo a un gorrión:
¡Qué andas buscando en torno a los balcones!
Saltando en las barandas trae un mensaje,
que corre en alas del viento y llega a mis oídos,
su dulce acento, como un eco perdido…
¡El pajarillo no sabe dónde dormirá mañana!
Desde mi ventana veo un bosque, ¡no son árboles!
Son edificios altos y modernos,
donde no encuentran sitios ni rincones,
para hacer nidos: golondrinas, gorriones o vencejos…
Oigo un toque en los cristales,
pidiendo permiso con piar suave,
que entre las flores quiere quedarse.
Una sutil caricia de sol naciente,
alumbra la mañana tranquila de invierno,
¡Qué mañana tan dichosa!
Esperanza para mi vida,
que busca en la mágica ave,
la blanca y transparente luz del día…
Jierro
