La planta mágica de la diosa del aire es el espliego, conocida también como alhucema o lavándula…
La dama del vestido blanco con sombrero, paseaba por los prados verdes y los campos azules… Vivía en una pequeña casita en el monte y la gente del pueblo a Victoria la conocían por «La Sabia»…
Victoria, conocía todas las plantas de la sierra, porque su abuelo desde pequeña, la había llevado con él y le había enseñado todos sus secretos, cuáles eran sus propiedades… ella, en sus paseos, siempre llevaba un canasto, porque era una buena recolectora y cuidaba a su vez de las plantas…
Aquel día hizo acopio de una maña de espliego para atar en su ventana, pues en el verano había muchos mosquitos y la alhucema los repelía… Luego, en su canasto, puso en pequeños ramilletes: tomillo, mejorana, romero, jara, manzanilla, escaramujo, enebro, unciana real, ruda, zahareña, yerba del sillero, altabaca,… y otras yerbas que faltaban en su despensa…
Los antiguos sabinares que poblaban la sierra, se habían perdido y en su lugar crecían: gramíneas, matorrales y retamas… Por las tardes, se sentaba en el porche de su casa, en la mecedora de mimbre, heredada de su abuela, y contemplaba el espectacular paisaje que tenía ante ella…
La gente del pueblo acudía a su casa a consultarle sobre las dolencias más corrientes y problemas de salud… Victoria, escuchaba a todos atentamente y les preguntaba sobre sus enfermedades. Siempre trataba de mandar algún remedio y, como buena psicóloga que era, tranquilizaba a la gente, hablándole y haciendo que recapacitaran sobre su forma de vivir y alimentarse….
SUS REMEDIOS ERAN DE LO MÁS VARIADO:
- RUDA: Cuando había en la familia algún niño con sarampión, le colgaban en la cabecera de la cama un manojo de ruda, para que la enfermedad no se le pasará a los ojos.
- UNCIANA REAL: Curaba las heridas abiertas en los animales y en las personas en forma de cataplasma.
- JARA: Para hacer gárgaras con miel, curaba la garganta.
- MATALAHUGA, TOMILLO y MIEL: En infusiones para aliviar la tos.
- YERBA DEL SILLERO: Para aliviar el dolor de vientre.
- ZAHAREÑA: Curaba las úlceras de estómago.
- MEJORANA: Para mejorar las digestiones.
También mezclaba hierbas para otros remedios. En su terraza, tenía plantadas: Hierba Luisa, Manzanilla, Albahaca, Orégano, Menta, Poleo… Hacía mezclas de varias yerbas y las echaba en alcohol… otras en aceite de oliva y siempre tenía preparados ungüentos para dar masajes y curar torceduras…
Había aprendido de su abuelo una forma de curar las torceduras que parecía increíble, pero la gente del pueblo, decían que era muy efectiva… Consistía en poner una olla con agua hirviendo y unas tijeras abiertas encima, delante de la persona afectada, hacía unos rezos y ya podía andar…
También curaba los esguinces con Altabaca, metiendo el pie en un recipiente con agua hervida de esa yerba. Cuando alguien tenía un cuerpo extraño en el ojo, con el pico de un pañuelo limpio, le volvía el párpado y extraía el minúsculo objeto…
Utilizaba la pólvora para curar las culebrinas y la ruda hubo un tiempo en que fue muy apreciada por lo difícil de encontrar en la sierra y porque se la llevaban a Francia como yerba abortiva…
Así, Victoria, cada día tenía alguna visita de la gente del pueblo, hasta que un día mandaron a un equipo de médicos jóvenes que decían a sus pacientes que no creyeran en esos remedios, que todo eran supersticiones…
Un día, estos médico jóvenes, hicieron una excursión a la montaña y conocieron a Victoria, ella le guió y les explicó muchas cosas sobre las yerbas del monte que ellos no sabían… Se acostumbraron a hacer excursiones con Victoria y conocer mejor la medicina natural. Entonces comprendieron que lo natural no tenía porqué estar reñido con la medicina de laboratorio, sino que las dos se complementaban…
Un día que llegaron a la casita de Victoria, encontraron en su puerta , un manojo de enebros colgados… Ella les explicó que antiguamente existía esa costumbre para ahuyentar a las brujas que eran muy curiosas y por las noches venían de visitas a colarse en las casas; pero cuando se encontraban las yerbas, antes de entrar, tenían que contarlas una por una y, como tenían tantas hojas, se perdían y volvían a empezar de nuevo, así les amanecía y aún no habían terminado de contar. Entonces con la luz del día, perdían los poderes y
salían corriendo…
Se hicieron bastante buenos amigos y ya no menospreciaron los conocimientos de «La Sabia»… La gente del pueblo seguía yendo a las consultas y también empleaban los remedios naturales, según las dolencias de cada uno…
Jierro
