Haciendo memoria de mis secretos,
en este viejo rincón del mar,
las olas me traen el dulce recuerdo,
de otros mares claros, lejanos,
otra luna llena y otro puerto.
Corren suaves y serenas ondas,
cuál tupidos velos de encajes bellos,
la tibia y salada brisa,
en calma majestuosa,
cubre con almizclados perfumes,
la desazón de mi cuerpo.
Silban aves en la desierta arena,
quietas guardan el gran misterio,
al sol poniente enrojecido,
otean el vaivén de las aguas,
sensibles al cambio de tiempo.
Campanas redoblan en la distancia,
al susurro monótono del silencio,
resuenan en la ermita de la montaña,
y su sonido arrastra el viento,
adonde cantan las sirenas, allá a lo lejos…
Jierro
