Despierta en la madrugada,
sólo escucho el silencio
envuelto de quieta calma.
El viento está parado,
el gallo aún no canta.
Tras los montes amanece,
el ginkgo está amarillo,
sus hojas de oro brillante
son cristales transparentes
que el viento besa y arrastra.
He visto una mariquita
que se escondía en sus ramas
porque la noche ha huido
y el sol va a desvelarla.
La eugenia que sobresale
se ha hecho dueña del sitio,
sus moradas semillitas
los pájaros llevan en el pico.
Van y vienen las pipitas,
gorriones, abejarucos, abubillas,
chamarines, colibríes, estorninos…
Vagan por todo el paraje,
despertando con sus trinos
a plantas y demás vivientes.
Ya se acabó el silencio
bella música de ambiente
en el paraíso secreto…
Jierro
