Escuché un lamento agudo,
era una sierra que chirriaba,
se oyó un golpe profundo,
se derrumbaba el pino del puente.
Dijeron que rompía los espejos
de aquellos enormes autobuses iracundos,
pues valían más que aquel árbol
que llevaba cuarenta años oculto.
Daba sombra en el verano,
cantaba al son del viento,
la vista alegraba con su verde oscuro.
El sonido estridente y elevado
alejaron a los pequeños pájaros…
La sequía, la tala, las plagas…
Poco a poco el bosque se moría.
Dejaron troncos y ramas desgajadas,
cuando lo tiraron junto a la carretera…
Sobrecogida, escuché las voces antiguas
de LA TIERRA, que se estremeció ultrajada…
Jierro
