Tita Inés

Tita Inés

Y pasaron los años y tita Inés sigue presente en mi vida… querida tita Inés:

¡Niña, ve a la calle Algarrobo y dile a tita Inés que venga!…

Tita Inés, nuestro paño de lágrimas y de toda su familia: «Su vida», una vida dedicada a los demás por completo…

Su madre, que era mi bisabuela, tuvo trece hijos, algunos perdidos antes de nacer. En aquellos tiempos en que la medicina no estaba tan cercana, se fueron muriendo, unos tras otros, de distintas enfermedades infantiles hasta que sólo quedaron cinco. Aún recuerdo de pequeña, casi a diario, una cajita blanca en un entierro, llevada por niños…

Cuatro de los hermanos de tita Inés se casaron y ella quedó solterona (para vestir santos) como muchas mujeres de nuestro pueblo, dedicada a sus labores de ganchillo, el crochet, es lo que tita Inés hizo siempre mientras que la vista se lo permitió…

Beata de las antiguas, de arreglar la iglesia, de comunión diaria, colaboradora con las buenas obras parroquiales…

Su casa de la calle Algarrobo, con un patio rebosante de flores multicolores, brillaba siempre limpio y esplendoroso…

Al faltar papá Pepe y mamá Carmen, vivió durante veintisiete años sola, sin querer molestar a nadie, aunque su hermana Carmen casi a la fuerza se la llevaba a su piso de Málaga en las temporadas de invierno…

Su misa diaria no la perdonaba a menos que estuviese enferma y no quería que la acompañaran para no entorpecer los quehaceres de su hermana…
— ¡Inés, tú no estás acostumbrada a la vida de la ciudad!…
— ¡Carmen, iré todos los días a la iglesia, ya que no he hecho otra cosa desde que vino el padre Arnaiz a inaugurar la capilla de Las Mellizas… Y además si me pilla un coche, saldré en el periódico, ¡ya me gustaría!…

Querida tita Inés, no hace falta esa locura para salir en un periódico, ni tampoco lo necesitas, has estado con nosotros cuando nos has hecho falta, aunque tengo que añadir que tenías mal genio, pues no te acostumbrabas a tanto desorden y griterío infantil en casas de familias numerosas y de cortas edades…

Pero todos te respetábamos y agradecimos tus detalles de santos y cumpleaños… También te recordamos haciendo la carne de membrillo en el perol de la abuela, los roscos de puerta horno, los mantecados, empanadillas, etc…

Me encantaba ayudarte a desmotar la lana y ver a mi bisabuela de hacer fideos…

¡Era una vida tan distinta y el tiempo parecía tan largo….!

Te recuerdo siempre con infinito cariño ya que la vida de las personas sencillas como tú y sus pequeñas-grandes historias, es lo más hermoso que podemos tener para aprender a caminar…

¡NIÑA, EL PAN NO SE TIRA! ¡Recógelo del suelo, lo pones en la mesa y LE DAS UN BESITO!…

Jierro


Publicado el

en

,

por