El pavo real bajó de la palmera.
Admiré su brillante plumaje
cuando se acercó para hacer la rueda.
Las plumas se movieron con ritmo,
invitando con sus sinuosos bailes
a la pava que rodeaba cansino,
agitando y bailando con donaire.
Lucían y brillaban sus colores vivos,
sus múltiples ojos lo hacen envidiable,
hipnotiza a las hembras que se rinden
y al dios de las aves se ofrecen…
SI DESPLIEGA LA COLA «DICEN QUE LLUEVE»
Jierro
