Aquella mariposa escondida,
depositaba sus huevos en el laurel,
se internaba pegada al tronco
con delicadeza infinita
revoloteando alrededor de él.
Pasados los días precisos
muchas larvas ya salían
y en el cambio de sus cuerpos
la metamorfosis cumplía…
Con colores embellecieron
en el trasluz de la tarde
el paraje árido y seco
donde no había agua bastante.
Aquella belleza etérea
trajo risas y armonía,
el vuelo de mariposas
nos alegraba la vida…
Jierro
