La zorra de singular astucia
quería robar al vecino,
amenazaba prepotente, con furia,
«que le diera un pollino».
Con su cola tan rojiza
con ademanes de furcia,
fue a lucirla un domingo,
se acercó a una candela
y se quemó el rabito;
Para poder apagarlo
se fue corriendo hasta el río;
pero en medio de la maleza
había chumberas y cardos,
quedó tan escaldada
que parecía un erizo.
La zorra ya no presume,
la avaricia rompió el saco,
se le acabó el gorroneo,
a su madriguera huye,
juega a disfrazarse de perro…
Jierro
