Lola soñaba desde siempre
pasear por la isla de Cuba,
cuando un día de repente
compró pasaje para su aventura.
El deseo apasionado del viaje
es un tropel de fuerza muy potente.
La gracia desnuda de su edad
hizo que aquella noche fuese diferente,
cambió las pardas terrosidades
por playas verdosas y azuladas,
el puerto, la lonja y mercados
con un ir y venir de mucha gente,
en sana alegría y sonrisas delicadas…
Se queda en éxtasis mirando a los lados,
cree hallarse en Cádiz y no en La Habana,
hace el camino maleta en mano
observa las olas que rompen en el malecón…
Tan parecidos cubanos y gaditanos,
en la caleta cantan y bailan al mismo son…
Jierro
