Cuando me convencí de la verdad increíble:
no me muevo, ni siquiera miro, creo que voy,
pero no estoy aquí, pasan las horas lentas, invisibles…
En la ciudad vacía, la gente en la ventana
mira la triste belleza de las calles solitarias…
Desde un balcón vienen sonidos suaves de música clásica,
vibra una voz de soprano ardiente y clara,
junto a su hijo que le acompaña, sentida y dulce canta…
¡Qué frescura y qué bálsamo acarician nuestros oídos!
¡Con qué paz nos empapan sus palabras en el mensaje que entrega!
¡Qué hermoso espectáculo en estos días de tristeza!
En ese hueco claro del día salimos a los balcones.
Todo el barrio conmovido luchando contra la marea.
Se hace el silencio, la música, el vocerío, las palmas… VUELAN…
Jierro
