Tomaba una infusión caliente de orégano, tomillo y romero
cuando la primavera, esta vez helada, apareció de sorpresa,
entonces las caricias, besos y abrazos, echaba de menos,
pasan y pasan los días con miedos y tristezas;
pero de la vejez salieron ramas nuevas con luz propia,
pisando fuerte en los ladrillos, con franqueza,
alzando con llamas de amor la vida…
Salimos al balcón, la perra ladra, me encuentra,
se acuesta bajo mis pies, me lame extraña…
La luna está en su fase llena y a su espejo de plata
levantamos la vista implorando su magia…
Entramos en la casa llena de suspiros y desierta
también el olor de los geranios, gitanillas y albahacas;
pues la lluvia había regado las macetas.
Un relámpago ilumina con claridad el espacio
y el eco de los aplausos como una tormenta…
SUENA
Jierro
