¡La encontré, qué alegría! Revolviendo en los cajones ¡SORPRESA! era mi vieja muñeca…
Un vestido de flores en la barriguilla de algodón, los ojos cosidos con botones, calcetines sin zapatos, su pelo amarillo de estopa con largas y rubias trenzas…
¡INCREÍBLE! Mi adorable muñeca de trapo…
De niña, cuando jugaba, le hacía perrerías: La lavaba en el lebrillo donde lavaba mi abuela; del alambre la colgaba con palillos de sus trenzas; luego en la mecedora le cantaba una nana añeja.
Siempre me esperaba con su eterna sonrisa sin palabras. De mis pillerías y travesuras, nunca de ella tuve quejas; aunque la dejara en cualquier sitio asomando sus enaguas, compartía mis secretos muy paciente, era toda orejas…
Cuando estaba triste o alegre, conmigo reía o lloraba… Ella era mi refugio, mi amiga, mi compañera.
Hoy le conté su historia a ARIANA, mi nieta…
Jierro
