Antes de volverle a ver
plantado y quieto en medio del huerto, estático,
rodeado de amapolas, lirios, jaramagos, lo imaginé.
Yo siempre quise dibujarlo muy guapo:
Con pantalones tejanos, abiertos los brazos,
la cara bordada, la barriga rellena de sacos,
un viejo paraguas que en la buhardilla busqué;
para que no moje su camisa, hecha con telas de cuadros,
un sombrero de paja cubriendo sus cabellos de esparto.
Ahora no le temían los gorriones, ni los mirlos…
Utilizan cintas repelentes de aves, cometas,
otros artefactos, discos reflectantes, vidrios…
Pero él, no está solo, muy contento
porque ya no asusta a los pájaros.
Su vida ha cambiado, tiene muchos amigos
y espera ansioso las visitas que permite su trabajo…
AHORA ES EL GUARDIÁN DEL CAMPO
Jierro
