La tortuga vivía con los pájaros.
Pasaron meses y no la vimos,
el otro día salió perezosa, despertando,
tenía un nido de huevos hueros,
enterrados bajo las enredaderas del vallado.
La niña chica entró para darle lechugas
que ponía, a su alcance, con su mano.
Luego, la acariciaba; pero ella tozuda
no se movía, aunque brincara a su lado.
Tranquilamente escondía la cabeza.
Yo creo, que en el fondo, la tortuga
es una buena filósofa estoica,
ante la adversidad, se hace fuerte, dura.
Está en mejores condiciones que nosotros,
para soportar estos días
tristes de CLAUSURA…
Jierro
