Cuando voy o vengo del arroyo,
allí están las flores del barranco,
algunas no se ven en otros sitios.
La umbría las mantiene resguardadas,
a salvo de las cabras y los niños;
aunque le pican los pájaros y se posan
las volubles mariposas y los mosquitos.
Las abejas van y vienen a libar su néctar
atraídas por sus colores azules y amarillos,
tienen gotitas de agua, alguna nube loca
o quizás fue a la aurora, el rocío…
Después de subir la cuesta, temprano,
me siento en un banco hecho de tierra,
lleno de hierbas, como un cojín mullido.
Les cuento mis cosas, pensando,
su vida es tan breve, como la primavera,
pero merece la pena y miro: su ejemplo sencillo…
Jierro
