Desde la verja de hierro
miro hasta donde mi vista alcanza,
la carretera con el puente
que cubre el canal de aguas,
el río corre manso por la vega,
en lo más hondo de su curso la rodea.
En el camino de Las Angosturas,
baja un arroyo por sus pendientes,
cubierto de maleza, juncos e hierbas silvestres.
El sol asoma al otro lado de Los Lagares,
en ese momento rosa y violeta,
se hace extraño el paisaje.
Las flores parecen más transparentes
en un campo alfombrado de colores.
El tibio mayo, al final caluroso,
despide al prodigioso paraje.
Y yo con regocijo saludo
al nuevo día que viene…
Jierro
