El niño que fue siempre Carlos Cano,
sintió como Blas Infante ANDALUCÍA,
la tierra despojada de sus raíces,
en pugna social y mal vendida.
Los campos de labranza abandonados,
por huertos solares a porfía,
en zanjas resecas y abiertas,
donde nadie arroja las semillas,
no crecen las hierbas olorosas,
amapolas o diminutas margaritas.
Los verdes prados ahora cenicientos,
refleja el sol sus rayos en los cristales,
y los paisajes de la montaña idílica,
parecen retazos de piedras en detrimento,
envueltas en parcelas de metales…
Jierro