A Telma

A Telma

Toda la ternura de la niñez,
en tus ojos se reflejan,
sin saber del mal del mundo,
tanto amor y candidez,
en tus risas de inocencia.

Cogías plumas y semillas,
por el jardín entre la maleza,
acariciabas mi tez,
coloreando el otoño,
de música y alegría,
con hojas amarillas y secas.

Mezcla de caprichos infantiles,
¡bello instante de la vida!,
en que derramas con dejadez,
de una forma imprecisa,
tan voluble, tan ligera,
tan cálida e indecisa…

Muchos octubres se deshojen,
esparciendo paz, niña mía,
por senderos cubiertos de flores,
la brisa con su dulce fragancia,
se derrame en los alcores,
y a ti te alcance la magia…

Jierro


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