Abanicos

Abanicos

Nuestras abuelas y nuestras madres tenían que ingeniárselas para soportar los días calurosos lo mejor posible, para ello aguantaban con menos penurias aquellas horas de espera en cualquier lugar, o la visita a la iglesia en novenas y festividades. Siempre recuerdo de pequeña los sigilosos ruidos al abrir y cerrar los abanicos.

Se han documentado objetos para abanicarse desde la más remota antigüedad: egipcios, babilonios, persas, griegos y romanos los utilizaban como elementos de lujo, reservado sólo a las clases más pudientes.

La introducción en Europa en el siglo XIII podría haber tenido lugar en el transcurso de Las Cruzadas. Era un símbolo de estatus y la iglesia empezó a emplearlos también como instrumentos litúrgicos.

Sin embargo, el denominado abanico plegable parece tener su origen en el siglo X en COREA, donde un monje budista enamorado de una mujer e incapaz por ese motivo de poder alcanzar la iluminación, decidió fabricar un abanico que tuviera la forma de su amada.

Para ello usó tiras de bambú para construir las varillas, que cubrió después con papel sobre el que escribió un poema.Cada vez que cerraba el abanico podía ver la figura de su amada y cuando lo abría creía ver el vuelo de su falda.
Desde aquellas lejanas tierras de ORIENTE viajaron los abanicos con los portugueses en el siglo XVI…

Al parecer fue Catalina de Médicis en Francia la que hizo popular aquellos abanicos que tenían forma de círculos y estaban decorados con plumas. Y Francia desbancó a Venecia en la producción de abanicos rígidos.

Al final, el abanico se hizo tan popular que los fabricantes franceses fundaron un gremio en 1687 y los abanicos, con telas o pieles perfumadas, hacían las delicias de una sociedad francesa y después en España, dispuesta a pagar cantidades astronómicas para el ajuar de cualquier persona acaudalada y elegante.

Los abanicos eran unos instrumentos para comunicarse de forma muy discreta, teniendo un lenguaje de signos propio: abanicarse cubriéndose el rostro quiere decir: «cuidado, nos vigilan».

En el siglo XIX aparecieron los «Abanicos de Pericón», de grandes dimensiones y fabricados con la técnica de encaje de bolillos, fueron empleados en el mundo del flamenco, la danza y el teatro, como en la obra infantil escrita por «GARCÍA LORCA», «EL RETABLILLO DE DON CRISTÓBAL Y LA SEÑÁ ROSITA»

Jierro


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