Hay que encender una nueva luz de NAVIDAD si no queremos caer en una celebración que se camufle ante el sufrimiento ajeno. No podemos mirar para otro lado como si las cosas no pasaran. Estamos en niveles brutales de crímenes contra la dignidad humana, de explotación, empobrecimiento y descarte de cada vez más personas. La mayoría de la humanidad está envuelta en la miseria, el hambre y la violencia… ¿Nos duele?…
En la tierra donde nació JESÚS diariamente no cesan las muertes violentas, la sangre inocente se sigue derramando, los refugiados vagan por campamentos insalubres y olvidados de las miradas de Occidente. Y hay muchos lugares en nuestro mundo donde la humanidad se ve pisoteada y vulnerada en sus derechos fundamentales.
Aprender a gestionar nuestras emociones «darse cuenta» del poder e importancia de las pequeñas cosas, es una muestra más grande de riqueza más allá del consumismo, las tradiciones y lo material.
El reencuentro familiar, el compartir afectivo y el disfrute de la paz está en el ADN de nuestra sociedad aunque a nivel individual nos parezca legítimo y necesario tomar la elección de celebrar o no celebrar en base a unas convicciones que no tienen que ser las de la mayoría…
La verdad silenciosa en el ajetreo de estas fiestas se encuentra en ese «NIÑO DESNUDO» en el Portal de Belén, que se opone a la violencia de este mundo. Probablemente estas fiestas nos recuerden la necesidad de escuchar a nuestro niño interior, de conectar con el niño que fuimos.
Pero hay que ser cómplices para que nuestros hijos sigan confiando en que los sueños se pueden cumplir, ayudando con nuestra mano invisible a que eso sea posible… Los mejores regalos que se pueden hacer en NAVIDAD son los de la alegría, la sonrisa, el ser solidario, brindar apoyo a otras personas que podamos ayudar… La alegría y el amor deben perdurar…
La NAVIDAD es una época única para practicar con nuestros niños los verdaderos «VALORES»… Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo…
Es el momento de agradecer y sentirnos afortunados.
Jierro