Al atardecer el sol declina
y las tranquilas aguas reflejan,
rayos rojizos sobre los viejos esteros,
cuando la marea baja en la salina.
Barquitos de hechuras pequeñas, coquetos,
con nombres a mano pintados,
anclados en la verde marisma,
sin sombra que cobije sus aparejos.
La niña bronceada de mar y de sal,
baila moviendo un fino pañuelo,
con rostro de ángel de rosadas mejillas,
su pelo dorado agita en el viento.
¡Ojalá! Tu vida corra despacio
y sientas que eres agua serena,
murmullo de olas, brisa que sopla,
chispa errante que alumbra,
para mí, la sirena más bella…
Jierro
Imagen: Antonio M. Romero Dorado, Dominio público
