Entre montes colgada al vacío,
sobre el verde barranco empinada,
se asoma ILURO al GUADALHORCE,
Ciudad Vieja en su fortaleza brava.
Desde las torres, mira hacia el río,
atrás queda «LA BIEN CERCADA»,
con sus ventanas abiertas en desafío,
cuando se oculta en el poniente la llama,
en el monte Redondo y sombrío,
por la tarde desierta y dorada.
Antaño el tiempo en su rumor,
vaga por la fuente de la plaza,
cristianos triunfantes y moros vencidos,
un gentío en una encrucijada,
pasajeros dispersos en los caminos,
en busca de cortijos o posadas,
a la suerte que marca su destino,
para encontrar albergue o morada,
que cure la soledad del peregrino…
Jierro