La historia alpujarreña está en consonancia con su orografía, que le ha hecho jugar en muchas ocasiones como refugio.
LA ALPUJARRA, último reducto morisco en los Reinos de Granada y Almería, al sur del macizo de Sierra Nevada es una región natural con personalidad propia. Su difícil acceso frente a romanos, árabes, castellanos y franceses a lo largo de la historia ha hecho que sus antiguas tradiciones lleguen intactas hasta nuestros días.
Aislada entre montañas acogió a BOABDIL el CHICO, el que fuera rey de Granada, del que nos queda su palacio en FUENTE VICTORIA, hoy en lamentable estado de ruina.
Hay que reconocer que muchos de sus rasgos culturales de su folclore y sus costumbres conservadas proceden del periodo de dominio islámico…
Los moriscos no dejaron ningún espacio de tierra que perder, tratándola y cultivándola, sembrando agua, irrigando y aterrizando desde la falda de Sierra Nevada en terrenos áridos y estériles. Un arte de regadío que los españoles aprendimos de los moros, y que en Andalucia ha mantenido un punto de perfección desconocido en otros lugares.
Estudiantes agrónomos de otros países han hecho sus prácticas de aprovechamiento de riegos con las aguas, y jamás habían visto «sembrar agua» y la maravillosa vegetación levantada en medio de peñascales que les recordaban los manantiales de rocalla que se encuentran en algunos jardines holandeses. Además de abundantes frutales, ganados y cría de gusanos de seda…
Así LA ALPUJARRA la define ESTRABÓN como una «cordillera cubierta de densos y corpulentos árboles, que separan la zona costera del interior». En LA ALPUJARRA es posible contemplar una arquitectura sin arquitectura que ha sobrevivido al paso de los siglos, casas colgadas literalmente sobre ramblas, con tejados-azoteas protegidos por «launas», una arcilla pizarrosa de color gris azulado.
Es OHANES escaparate de villas cúbicas que tiene la estampa más bella de la comarca. Todos los pueblos son blancos y de parecido caserío, pero cada uno tiene sus señas de identidad.
A CANJÁYAR lo distingue la ermita de San Blas en lo más alto del cerro, aunque a todos les iguala la convivencia de piedra y cal y las penumbras que recuerdan las medinas rifeñas. Lugares donde como dijo un antiguo poeta árabe «SON UNA SONRISA EN ESTA PARTE DEL MUNDO»…
Jierro